DACO: ¿De defensor de los consumidores a teatro político?
El Departamento de Asuntos del Consumidor (DACO), creado por la Ley 5 el 23 de abril de 1973 para proteger a los consumidores de Puerto Rico de prácticas engañosas, precios abusivos y comercio desleal mediante la educación, las denuncias y multas de hasta $10 000 —sucediendo a reguladores de tiempos de guerra como la Oficina de Administración de Precios en la década de 1940—, ahora se desvía hacia el teatro político.
Aunque la agencia tenga la intención de combatir el abuso al consumidor, su problema de relaciones públicas se deriva de los recientes espectáculos que exponen las agendas de los líderes por encima de las prioridades fundamentales: las pruebas contundentes, como los videos y las redadas, hablan más que las intenciones declaradas. La DACO debe volver a la protección silenciosa del consumidor, y no a los frenesíes mediáticos que confunden los anuncios con la eficacia.
El 4 de diciembre de 2025, la gobernadora Jenniffer González despidió a la secretaria Valerie Rodríguez-Erazo por “chismes y discordia”, y nombró a Hiram Torres-Montalvo, asistente de La Fortaleza.
Rodríguez-Erazo respondió con videos, presumiendo de que las redadas creaban “obediencia por pánico” en medio de “disparos desde dentro”, lo que indicaba la óptica del Partido Nuevo Progresista sobre la política. Torres-Montalvo lanzó entonces la Operación “Ojo al Precio” el 8 de diciembre, supervisando plataformas en línea como Facebook Marketplace para garantizar la transparencia de los precios según la Regulación 9158, Norma 18, otra medida visible de aplicación de la ley que buscaba la aprobación del público.
Anunciar públicamente las medidas represivas desafía la lógica: si el objetivo de la DACO es atrapar a los infractores en el acto, ¿por qué anunciar las campañas de antemano? Esto refuerza la idea de que los dirigentes buscan la opinión pública, no una aplicación genuina de la ley.
Días antes, el 1 de diciembre, el caso CT-2025-0003 del Tribunal Supremo de Puerto Rico dio la razón a DACO frente a LUMA Energy, anulando la exención de responsabilidad de la empresa de servicios públicos por los daños causados a los electrodomésticos por los cortes de suministro. La sentencia rechazó 1828 reclamaciones desestimadas y ordenó la reparación de los costos de mala gestión, como las pensiones y los cargos por combustible, que se habían repercutido a los contribuyentes. El papel ideal de DACO: ejercer su autoridad contra las subidas sistémicas que perjudican tanto a los consumidores como a las empresas, y no tomar medidas represivas contra el comercio minorista. Las operaciones silenciosas dan resultados como esta victoria; la fanfarria mediática sobre las balanzas para pavos no sirve para nada a efectos de investigación.
Las medidas de Rodríguez-Erazo —equipos de inspectores filmando el pesaje de pavos, revisando alimentos caducados, estacionamientos y anuncios— dieron lugar a multas modestas a pesar de la escasez. Rodríguez-Erazo admitió las limitaciones de personal, pero dio prioridad a los videos sobre las investigaciones discretas, lo que impuso importantes costos de cumplimiento a los pequeños minoristas.
El programa “Ojo al Precio” de Torres-Montalvo amplía este escrutinio a las ventas digitales, distorsionando la oferta y la demanda mediante una intervención excesiva, como en el caso Texaco contra Ocasio Rodríguez (749 F. Supp. 348, 1990), en el que los tribunales anularon los rígidos márgenes de la gasolina ignorando la competencia. La verdadera eficacia se mide por los resultados —reembolsos garantizados, abusos frenados— y no por las conferencias de prensa. El silencio de los líderes impulsa el rendimiento; los anuncios alertan a los objetivos, lo que socava la protección real.
Consideremos lo absurdo de la situación: las redadas anunciadas con antelación dan tiempo a los infractores para cumplir temporalmente con la normativa, lo que da lugar a un teatro de cumplimiento en lugar de una reforma sostenida. Esta postura pública se traduce en eficacia de la agencia solo en términos políticos —ganando aplausos por la “acción”— mientras desalienta a las empresas a invertir en medio de la incertidumbre.
Los consumidores no obtienen ningún beneficio de los videos de los inspectores con balanzas; se benefician de facturas más bajas cuando la DACO desmantela discretamente los abusos al estilo LUMA. Los líderes se catapultan políticamente utilizando a la DACO como insignia, pero esta evidente autopromoción no tiene nada que ver con la protección de los compradores, sino con la construcción de carreras a costa de la estabilidad del mercado.
Las agencias deben trabajar en silencio, elogiando las iniciativas o investigando discretamente, sin equiparar la protección del consumidor con tácticas basadas en el miedo dirigidas a las empresas con fines políticos. Los reguladores eficaces operan de forma invisible hasta que se obtienen resultados: multas recaudadas, disputas resueltas, mercados estabilizados. El frenesí de la DACO revela sus intenciones, alertando a los infractores mientras las empresas se preparan para un espectáculo más que para la sustancia.
Esto frena la innovación. Las medidas represivas publicitadas aumentan los costos de cumplimiento, lo que frena la inversión en la economía de Puerto Rico y envía señales erróneas de que los reguladores priorizan la influencia sobre la colaboración. Los pequeños comerciantes se enfrentan a redadas por las tarifas de estacionamiento, mientras que LUMA transfiere los costos de la mala gestión del combustible a todos los hogares: prioridades invertidas.
Emular el enfoque de LUMA, no el teatro minorista que desalienta el crecimiento. Pasar de los anuncios del sheriff a la tutela silenciosa: líneas directas para recibir denuncias, informes de la competencia que exponen distorsiones y victorias judiciales rápidas como la CT-2025-0003.
La contratación de Torres-Montalvo provocó críticas por nepotismo al Partido Popular Democrático; la rebeldía de Rodríguez-Erazo amplificó los egos.
La política lo impregna todo, pero las pruebas —despidos, videos, redadas— revelan las prioridades sin necesidad de interpretación. No utilicen a DACO para catapultarse políticamente; juzguen por los resultados que protegen a los consumidores y a las empresas de amenazas reales, como las subidas incontroladas de los servicios públicos.
Puerto Rico exige paz en los mercados mediante una administración tranquila y eficaz, no mediante protagonismos de liderazgo.

Antonio Santos es un profesional de la hostelería, los servicios y el turismo con más de 30 años de experiencia en el sector. En 2024, se presentó como candidato a la Cámara de Representantes de Puerto Rico, en representación del Distrito 1 de San Juan, por el partido conservador Proyecto Dignidad. Su trabajo se centra en el emprendimiento y el desarrollo económico, con especial énfasis en un gobierno reducido y la independencia económica de Puerto Rico.


