El reto de la atención médica en Puerto Rico: demostrar resultados
La “Big Beautiful Bill” representa solo una parte de una amplia transformación federal de la atención médica. Los recortes masivos al Departamento de Salud y Servicios Humanos, combinados con un nuevo presupuesto presidencial, recuperaciones de fondos, innumerables órdenes ejecutivas y regulaciones de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid, tienen como objetivo remodelar fundamentalmente la política de atención médica.
La filosofía de la administración “Make America Healthy Again” (Hagamos que Estados Unidos vuelva a estar sano) parte de la base de que los sistemas e iniciativas centrados en la prevención para eliminar “el fraude, el despilfarro y el abuso” pueden justificar la reducción de la financiación.
Para Puerto Rico, este cambio genera tanto un riesgo sin precedentes como una oportunidad inesperada, pero solo si podemos demostrar que nuestras inversiones en salud mejoran la salud de nuestra población.
La mayor amenaza para la atención médica de Puerto Rico no son solo los recortes federales, sino también nuestro historial con respecto a la inversión federal. A medida que nos acercamos a las cruciales negociaciones de financiamiento de 2027, esta brecha en los resultados es más importante que cualquier debate político actual. Amenaza el futuro de nuestra atención médica.
Las cifras cuentan una historia incómoda. En 2010, 12% de la población de Puerto Rico padecía diabetes. Hoy en día, esa cifra es de 19%. A pesar del enorme aumento de la inversión federal en atención médica, nuestros resultados en materia de salud se han deteriorado. Cuando los responsables políticos federales ven estos resultados, no ven un territorio que merezca más financiación, sino un bajo rendimiento de la inversión.
Las recientes medidas políticas federales reflejan un cambio más amplio en el enfoque de Washington respecto al gasto en salud. Los responsables políticos exigen cada vez más resultados medibles a cambio de la inversión de los contribuyentes. La exclusión de Puerto Rico de un nuevo fondo de $50 mil millones de dólares para hospitales rurales no fue una coincidencia, sino que refleja la opinión de los responsables políticos federales sobre nuestro historial.
Este problema de percepción trasciende la política partidista. Independientemente de si los demócratas o los republicanos controlan el Congreso durante las próximas negociaciones sobre la financiación de Medicaid, la pregunta fundamental sigue siendo: ¿por qué los contribuyentes federales deben seguir invirtiendo en un sistema de salud que muestra resultados cada vez peores a pesar del aumento de la financiación?
La respuesta no es solo una defensa más apasionada. También es demostrar que podemos lograr mejoras cuantificables en la salud cuando contamos con el apoyo adecuado.
Algunas iniciativas sanitarias de Puerto Rico ya demuestran que esto es posible. El programa Optimización de la Atención Virtual del Hospital General de Castañer, financiado con una inversión federal de $2 millones, logró resultados cuantificables: una mejora del 5% en el control de la diabetes, avances similares en el tratamiento de la hipertensión y una reducción del 72% en las hospitalizaciones innecesarias entre los pacientes más graves.
Este éxito se logró gracias a una atención integrada que combinó la tecnología de telemedicina con trabajadores de salud comunitarios que abordaron los determinantes sociales de la salud. En lugar de limitarse a tratar las complicaciones de la diabetes, el programa las previno, mejorando la vida de las personas y reduciendo los costos.
Estos resultados son importantes porque demuestran algo que los responsables políticos federales necesitan desesperadamente: la prueba de que la inversión en atención médica puede mejorar la salud de la población y reducir los costos a largo plazo.
Puerto Rico ya ha demostrado esta capacidad a través de importantes mejoras y reconocimientos en la calidad de la atención clínica en sus Centros de Salud Calificados Federalmente y los planes Medicare Advantage, que han obtenido prestigiosas calificaciones de cinco estrellas por parte de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS). Contamos con la experiencia necesaria para ofrecer excelentes resultados en materia de atención médica; nuestro reto es ampliar estos focos de excelencia a todo el sistema para mejorar la salud de la población.
Mientras Puerto Rico se prepara para las cruciales negociaciones sobre Medicaid de 2027, debemos pasar de simplemente solicitar la continuación de la financiación a proponer objetivos medibles de mejora de la salud vinculados a la inversión federal. Esto requiere cambios fundamentales en nuestra forma de abordar la prestación de servicios de salud.
Necesitamos implementar de manera sistemática modelos de prevención probados en toda la isla. Debemos priorizar la atención integral que aborde las causas por las que las personas se enferman, en lugar de solo tratarlas después de que lo hacen. Lo más importante es que necesitamos una recopilación de datos sólida que demuestre que la inversión federal se traduce en comunidades más saludables.
La crisis del personal sanitario —con 50% de médicos especialistas que están pensando en abandonar Puerto Rico y tasas de agotamiento que superan el 80% entre los médicos y el 90% entre las enfermeras— exige una atención inmediata. Pero abordar los problemas de personal sin mejorar al mismo tiempo los resultados sanitarios no satisfará el escrutinio federal.
El camino a seguir requiere reconocer una verdad incómoda: no hemos sido capaces de aprovechar al máximo las inversiones federales anteriores. Pero este reconocimiento crea oportunidades. Puerto Rico puede posicionarse como un laboratorio de innovación en materia de salud que demuestre cómo las inversiones federales específicas generan mejoras cuantificables en la salud de la población.
Los responsables políticos federales necesitan soluciones para la crisis de los costos sanitarios en Estados Unidos. Podemos proporcionar esas soluciones demostrando que los modelos de atención centrados en la prevención y basados en la comunidad funcionan. El éxito requiere ir más allá de la defensa a la defensiva y pasar a la demostración proactiva de resultados.
La “Big Beautiful Bill” representa solo un elemento del cambio en la política federal de salud. La respuesta de Puerto Rico debe abordar el desafío más amplio de la rendición de cuentas al que nos enfrentamos. Tenemos poco tiempo antes de 2027 para demostrar que invertir en el sistema de salud de Puerto Rico ofrece resultados que merecen el apoyo federal continuo.
La elección es clara: seguir solicitando financiación en función de las necesidades o empezar a ganársela mediante el éxito demostrado.

María Fernanda Levis es directora general de Impactivo y consultora de centros de salud, hospitales, empresas farmacéuticas, compañías de seguros, organizaciones sin fines de lucro y gobiernos en Nueva York, Washington D. C. y Puerto Rico en temas relacionados con la transformación de los sistemas de salud, los enfoques centrados en el paciente, las políticas de salud y la financiación.
Tiene una maestría en administración pública y otra en salud pública por la Universidad de Harvard. También es experta certificada en contenidos por el Comité Nacional para el Aseguramiento de la Calidad en Hogares Médicos Centrados en el Paciente y miembro de la Fundación Robert Wood Johnson.


