El índice muestra los primeros retos para la nueva administración de Puerto Rico
El Índice de Progreso Gubernamental, una herramienta creada por Birling Capital, con sede en Puerto Rico, para medir el desempeño del sector público de la isla, muestra que los primeros diez meses de la administración de la gobernadora Jenniffer González se han caracterizado por un deterioro de los indicadores económicos y operativos.
Su administración obtuvo una puntuación de 18,5 sobre 50, lo que la sitúa en lo que Birling clasifica como “rendimiento mínimo o recesivo”.”
El índice agrupa más de 20 variables procedentes de fuentes federales y locales para reflejar la dirección de la economía, la solidez de los servicios públicos y la eficacia del gobierno en la mejora del bienestar general.
El presidente y director ejecutivo de Birling Capital, Francisco Rodríguez-Castro, afirmó que el modelo funciona como un punto de referencia objetivo, basándose en mediciones tales como la producción, el empleo, la actividad manufacturera, la fiabilidad energética y la demanda de los consumidores.
Entre el 2 de enero y el 2 de noviembre, el índice cayó 30,191 puntos, pasando de 26,5 puntos a principios de año a los 18,5 actuales. Según el informe compartido con News is my Business, la puntuación también es 36,21 TP3T inferior a su máximo de abril, que fue de 29 puntos, y casi 141 TP3T inferior a la lectura del 2 de septiembre, que fue de 21,5.
Rodríguez-Castro afirmó que este descenso refleja “una pérdida de impulso económico por parte del gobierno”, con un empeoramiento de los resultados en varios indicadores de gran impacto, entre los que destacan la fiabilidad energética, el crecimiento del producto nacional bruto y las actividades relacionadas con el comercio minorista, como la venta de automóviles.
El sector manufacturero fue el que registró un mejor desempeño. El Índice de Gerentes de Compras Manufactureras de Puerto Rico subió de 46.4 a 55.5, superando el umbral de expansión y señalando lo que el informe describe como una renovada confianza industrial.
Las ventas de cemento aumentaron 13,71 TP3T, impulsadas por las obras de reconstrucción y la construcción del sector privado. Los delitos de la Parte I disminuyeron 3,61 TP3T con respecto al año anterior, una mejora que, según Rodríguez-Castro, apunta a estrategias policiales más sólidas. El Índice de Actividad Económica, aunque sigue en contracción, mejoró de -1,61 TP3T a -0,91 TP3T.
Los indicadores de energía y demanda se tornaron negativos.
Estas mejoras se vieron contrarrestadas por deficiencias en áreas clave. La confiabilidad energética empeoró, con un aumento de más de 111 TP3T en el índice promedio de interrupciones del sistema. El informe señala que los clientes de Puerto Rico ahora sufren 1580 minutos de cortes anuales, en comparación con los 126 minutos del territorio continental de Estados Unidos.
Rodríguez-Castro calificó esta diferencia como “prueba de décadas de mala gestión” y señaló los cargos de conciliación, incluido el ajuste del pago de las pensiones, como un factor que sigue impulsando el aumento de las facturas de electricidad.
El crecimiento económico se desaceleró considerablemente durante el periodo, con una caída del crecimiento medio del PNB del 2,21 % al 1,11 %, lo que Birling calificó como el indicador con peor rendimiento del índice. Las ventas de automóviles disminuyeron casi un 161 %, una caída atribuida al menor consumo y a las condiciones crediticias más estrictas.
El desempleo aumentó ligeramente hasta el 5,61 %, lo que el informe describe como un primer indicio de debilitamiento de la demanda de mano de obra. Los ingresos, la propiedad de viviendas y la deuda pública no registraron cambios significativos.
Según la presentación, los resultados reflejan tanto oportunidades como limitaciones. Puerto Rico atrajo $2,060 millones de dólares en inversiones nuevas o ampliadas en 2025, gracias en parte a la política arancelaria federal que fomenta la relocalización en jurisdicciones estadounidenses. Birling prevé que la producción industrial podría duplicarse para 2030 si esa tendencia continúa.
Sin embargo, los retos estructurales descritos en el informe siguen siendo importantes. Rodríguez-Castro mencionó la frágil infraestructura energética, el acelerado descenso de la población, el estancamiento del producto interno bruto potencial, un sistema sanitario sobrecargado y la continua dependencia de los fondos federales.
Las presiones inflacionarias, la desigualdad regional y la reducción de los márgenes de las pequeñas empresas también afectan las perspectivas a largo plazo de la isla.
El informe advierte que los cambios demográficos, como el envejecimiento de la población y la pérdida de residentes en edad laboral, amenazan el potencial de crecimiento. También señala que ciertos sectores, como los proveedores de servicios de salud y los hospitales, enfrentan dificultades financieras que son anteriores a la administración actual.
El Índice de Progreso Gubernamental se introdujo por primera vez en 2017, y Birling afirma que Puerto Rico no ha experimentado un período prolongado de crecimiento mínimo o contracción en el índice, excepto después del huracán María y durante la pandemia de COVID-19. En comparación, las lecturas del primer año de las administraciones recientes fueron significativamente más altas, según los gráficos históricos incluidos en la presentación.
Rodríguez-Castro afirmó que, si bien la administración González ha mostrado avances en los sectores manufacturero, de la construcción y de la seguridad pública, esos puntos fuertes son “insuficientes para contrarrestar” la contracción del crecimiento económico y el deterioro de la confiabilidad energética y la demanda de los consumidores. Según él, los resultados deberían impulsar la urgencia en torno a la reforma energética, la productividad, el crecimiento de los ingresos y la plena integración de Puerto Rico en las estructuras de beneficios federales.


