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Puerto Rico debe prepararse para un futuro con inteligencia artificial

Con la realidad insular que empaña nuestras perspectivas de desarrollo económico, Puerto Rico sigue aplicando políticas públicas que limitan el acceso a una energía sostenible, ecológica y resiliente. Para empeorar las cosas, nuestros líderes siguen esperando fomentar el crecimiento con un acceso a Internet de banda ancha deficiente, el oxígeno digital de la economía moderna.

La banda ancha es más que Internet rápido. Es la infraestructura invisible que hace posible la educación, el comercio, la atención médica y la innovación. Impulsa el uso de la inteligencia artificial, el trabajo a distancia y los sistemas inteligentes que definen la competitividad del siglo XXI.

Sin una cobertura de banda ancha sólida, especialmente en las regiones montañosas de Puerto Rico, estamos negando efectivamente a miles de ciudadanos un lugar en la economía digital. Reducir la brecha digital en la isla debe ser prioritario.

En cuanto a la energía, la situación no es mejor. Puerto Rico se está convirtiendo rápidamente en rehén de un modelo de servicios públicos privatizados y basados en combustibles fósiles que cobra tarifas astronómicas y ofrece un servicio poco confiable. Esta dependencia del gas natural importado no solo agrava la desigualdad, sino que también contradice el potencial de la isla para liderar el sector de las energías renovables.

En un territorio tropical bendecido con abundante luz solar y viento, es absurdo que tantos residentes sigan creyendo que la energía solar no es confiable, un mito perpetuado por los mismos intereses que se benefician de nuestra dependencia del petróleo y el gas.

Lo trágico es que esta crisis es autoinfligida. Nuestra geografía debería ser nuestra fortaleza, no nuestra debilidad. Las montañas que definen nuestro paisaje, donde se encuentran muchas de nuestras comunidades más vulnerables económicamente, podrían ser la piedra angular de una red de energía renovable distribuida. Los sistemas solares a pequeña escala, las microrredes y el almacenamiento en baterías pueden hacer que estas regiones sean autosuficientes, resilientes e independientes de la anticuada red centralizada que falla repetidamente después de cada tormenta.

Invertir en energía sostenible y banda ancha universal no es solo una cuestión de conveniencia, sino un imperativo moral y económico que debe abordarse con urgencia. La energía confiable y la conectividad digital son los dos pilares del desarrollo inclusivo. Sin ellos, cualquier debate sobre el progreso impulsado por la IA en Puerto Rico es pura retórica. La IA no puede prosperar donde la luz parpadea y la señal se cae.

Imaginemos, en cambio, un Puerto Rico en el que las escuelas rurales dispongan de electricidad estable y banda ancha para enseñar programación y robótica, en el que las pequeñas granjas utilicen herramientas de inteligencia artificial para optimizar la producción, en el que la telemedicina llegue a los pacientes más aislados y en el que los emprendedores de las montañas dirijan operaciones de comercio electrónico a nivel mundial desde sus hogares.

Esa visión requiere una política intencionada, que reconozca que La sostenibilidad y la equidad van de la mano.

La topografía de Puerto Rico debe guiar nuestra planificación, no obstaculizarla. Nuestras colinas y valles requieren una ingeniería adaptable y una inversión específica: torres de banda ancha construidas para terrenos de gran altitud, microrredes renovables agrupadas en comunidades montañosas y asociaciones público-privadas que garanticen la asequibilidad y el mantenimiento. 

Al diseñar la infraestructura que tenemos, y no la que nos gustaría tener, por fin podemos escapar del ciclo de recuperación reactiva y entrar en una fase de resiliencia proactiva.

Si realmente queremos que la IA desempeñe un papel transformador en el futuro de Puerto Rico, debemos empezar por asegurar las bases físicas y digitales de las que depende.

La energía y la banda ancha no son lujos, son derechos en la era de la información. La infraestructura sostenible no es un sueño, es el requisito previo para un Puerto Rico inteligente, inclusivo y próspero.


Jeffrey Quiñones-Díaz es socio de The Consulting Lead LLC y consultor de asuntos públicos y políticas.

Detalles del autor
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Esta historia fue escrita por nuestro personal basándose en un comunicado de prensa.
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1 comentario

  1. Antonio Santos 28 de octubre de 2025

    Aplaudo cómo este artículo destaca los pasos clave que Puerto Rico debe dar para incorporarse a la economía de la inteligencia artificial. Deja claro que una energía confiable y una conectividad sólida son la base para un progreso real.

    ¡¡Una lectura fantástica!!

    Responder

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